
He vuelto, y ahora con más ganas. Ya no más faltas, desde ortográficas hasta de ausencias sin excusa convincentes. A lo mejor es la algarabía de mi nuevo DDR, inactivo desde su compra, aunque no todo va como parece. Los dobles pasos horizontales me odian sin sentido, así como los vecinos de abajo a las 00:46.
Pero ya terminé, tengo esas ganas infinitas de escribir de nuevo. Así que blog, prepárate, que te daré publicidad entre los anuncios de milagros estúpidos y llamadas eróticas de ciertos canales de televisión, mientras esperas pacientemente que comience el programa. Bueno, solo estoy pensando en mi misma, ya que a más de uno le da un temblor muy sensitivo. Por lo menos sé que en este canal comenzará el dichoso espacio televisivo, pero en ciertos canales, incluso puedes llegar a la iluminación, y aún están por la mitad.
Me he dado cuenta que esto se me va de las manos. Es decir, yo tan normal comienzo hablando del clima, y termino mencionando del color favorito de mi madre. Esta situación me resulta muy familiar, y es de la que quiero fijarme más en esta entrada: ¿Por qué la gente suele cambiar?, ¿Eres feliz con ese cambio? ¿Por qué este interrogatorio parece de las revistas que reparten los Testigos?
Hay muchos tipos de cambios, y no me quiero poner en plan psicoanalista ni investigar los secretos más profundos de vuestros retorcidos cerebros. Pero solo quiero dejar una reflexión: “Oye tú, si vas a seguir cambiando, avísame, por favor. Que tener que descubrir de --no-chachi manera--- lo nuevo, me resulta molesto.” Y que no se te olvide firmar el contrato de aceptación, que sino después vienen los líos.
Cierro el tema. No entremos en detalles escabrosos. ¡Ah! Ahora que me acuerdo, nunca he tenido el detalle de recomendar algún libro, canción, una que otra nueva vida…Así que empezaré desde hoy. Ahora mismo me pondré un papel gigante en mi tablón olvidado (genial idea) donde recuerde que tengo que actualizar para el sábado. Para la próxima actualización, empezaré a subir fragmentos de una historia que hice hace dos años, donde la efervescencia de escribir cuentos adolescentes y mi lado “naturalmente extraño” hicieron de las suyas, terminando en algo que puede resultar vergonzante, cursi, hasta distante.
Sin nada más basura helada que escribir
; Penguin P.
PD: El color favorito de mi madre es el verde.
Bonus Track#02





